Archivo de diciembre, 2013

Un año que termina, un año que comienza.

Un año que termina, un año que comienza.

Cuan aún resuenan en nuestros oídos la dulce melodía de “NOCHE DE PAZ NOCHE DE AMOR”, ya que nos encontramos en el tiempo de NAVIDAD, he creído oportuno llegar a la intimidad de vuestros hogares y de vuestros corazones para entregar este sencillo pero sincero mensaje de Navidad y Año Nuevo.
Como bien lo sabemos la vida es frágil, incierta, nos depara muchas veces sorpresas, ya sean estas agradables o tristes, en una o la otra no siempre nos detenemos mucho para reflexionar y preguntarnos ¿Qué es lo que Dios nos ha querido decir por medio de estos acontecimientos?; y muchas veces la vida continúa sin más o sin menos preocupaciones. Se podría incluso decir “Un año más o un Año menos”.
Se dice que los golpes fuertes que la vida nos da nos enseñan, hay mucho de cierto en esa frase, pero es bueno también recordar que no somos súper hombres ni súper mujeres, que somos criaturas frágiles, somos criaturas y que para nosotros los cristianos somos lo que somos es por pura Gracia de Dios, por lo tanto lo que nunca debemos olvidar es ser agradecidos con El que nos ha creado y nos ha dado la vida.
Hace solo algunos días se celebró en la Iglesia la Solemnidad de la Sagrada Familia, ¿reconocemos como un don de Dios, el tener una familia?, donde hemos aprendido a amar y ser amado, sería muy bueno, especialmente en estas fechas volver a valorarla en todo lo que ella significa, hacernos eco de las palabras del beato Juan Pablo II, quien nos dijo, “Familia se lo que eres”, o “Familia recupera tu identidad”.
También es bueno recordar las recientes palabras del Papa Francisco en su primera Encíclica, “Lumen Fidei”, (la luz de la fe), cuando nos dice: “El primer ámbito que la fe ilumina en la ciudad de los hombres es la familia. Pienso sobre todo en el matrimonio, como unión estable de un hombre y una mujer: nace de su amor, signo y presencia del amor de Dios… Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida y que recuerda tantos rasgos de la fe. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada”.

Dejemos, estimados amigos que este espíritu de Navidad y con las luces de un nuevo año que comienza, todos nos dispongamos a contribuir con lo mejor de lo nuestro para hacer de nuestro mundo, si de nuestro mundo que tenemos en nuestro alrededor, vale decir en nuestro querido San Carlos, hacer de el un mundo mejor, mas fraterno, mas humano, mas agradecido por todo lo que Dios nos ha regalado.
Este artículo lo he querido compartir con cada uno de Uds. como una forma de agradecer a toda la comunidad por lo que hicieron y siguen haciendo por mi y por mi familia ante la triste y dolorosa partida de mi amada esposa Angélica, ella está junto al Padre, no tengo duda, ella recibe hoy lo que surge de la fe, el justo premio que Dios da a quienes en este mundo cumplieron con lo que El nos pidió, vale decir no solo contentarnos con escuchar su Palabra sino ponerla en práctica.
La vida continúa, como muchas veces se dice, yo trato de hacerlo y espero con la Gracia de Dios tratar de hacerlo a la manera como Angélica la vivió, con generosidad, respeto por todos, sencillez , servicio, en fin sería muy largo continuar enumerando sus virtudes, quienes la conocieron claramente saben de lo que estoy diciendo.
Termino este artículo, pidiendo primero perdón por no haberlo hecho antes, pero también vuestra comprensión por lo escrito, son palabras que salen de un corazón agradecido por todas las muestras de bondad de cada uno de Uds. Especialmente por vuestras sinceras oraciones, pero también salen de un corazón profundamente enamorado de quien fue el amor de mi vida; María Angélica.
Que para todos siga siendo esta una feliz Navidad y un buen año 2014.

Diacono Miguel
Parroquia San Carlos Borromeo

María Angélica Caro Alarcón

Un año para olvidar

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Más de un acontecimiento acaecido en los últimos doce meses nos puede llevar a mirar el futuro con optimismo y a intentar borrar el pasado inmediato. Situaciones personales, enfermedades, malentendidos, proyectos que no se concretaron, duelos, conflictos o simplemente una gran vergüenza hacen que cubramos la memoria con un velo queriendo que  todo sea borrón y cuenta nueva.

También sucede algo parecido con las instituciones, organizaciones, empresas, instituciones de servicio o alguna repartición pública, mirando el año que se  va y, esperanzados en el que viene, hacen expresar a sus miembros: este año mejor olvidarlo.

Hay algo en nuestra condición humana que nos ancla en las experiencias traumáticas y negativas, haciéndonos ver todo desde lo que ocurrió y que  hubiésemos deseado que no ocurriera, al tiempo que tiñe nuestra mirada de un aparente realismo y gran ingenuidad. La realidad tiene solidez y coherencia innegable, es como es y, no como quisiéramos que fuera. Las cosas pasaron y querer olvidarlas es una tentación, que cayendo en ella, nos puede jugar una mala pasada.

Para los creyentes, la fe es una luz y, en la fiesta de Navidad que acabamos de celebrar, se nos anuncia como una buena noticia para los que estaban en la oscuridad de su vida. “Para el pueblo que estaba en tinieblas brilló una gran luz”. A ratos podemos estar en penumbras, incluso pudiéramos ser un pueblo que camina en tinieblas, no obstante es allí, precisamente, donde agradecemos la luz que permite reorientar nuestra vidas. Por ello, la fe mira lo sucedido con una mirada que da sentido a los acontecimientos pasados. En palabras del Papa actual, “nuestra fe es memoriosa” y sin desconocer las tinieblas y oscuridades de las personas, grupos o instituciones no se queda en ella, sino en el aprendizaje y en la luz.

Querer olvidar el pasado no solo es tentación, puede ser también una injusticia. Una mirada más serena acabará reconociendo que, más allá de las dificultades y fracasos, más allá de lo mal que alguien lo pudo pasar, siempre es mayor lo bueno y que desde ahí la esperanza en el futuro tiene raíces sólidas. Olvidar los errores nos lleva a repetirlos, negar las tragedias o fracasos no pasa de ser una ilusión, asumir desde la verdad confiere libertad y es expresión de responsabilidad y madurez. No olvidemos el año que termina, aprendamos de él y bienvenido 2014.

Hacer las cosas corriendo

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La semana pasada circuló la noticia, en televisión, You Tube e internet,  de una abuela de más de 70 años capaz de correr para ir a misa. La persona en cuestión no es abuela en sentido literal, usa bastón ortopédico, vive en Collipulli y normalmente va a misa …corriendo, como la mayor parte de sus actividades de su ágil  existencia.

La prontitud, virtud que se opone a la flojera, no es muy frecuente en nuestros tiempos. La mayoría de las veces escuchamos que  tal o cual cosa lo haremos después. El mañana se ha convertido en una excusa donde esconder la desidia y la falta de pasión para vivir. Cuando se trata de aspectos religiosos también encontramos esta flojera. Por ello, la sorpresa de una persona que corra a misa ¿por qué lo hace?

La fama del video y su presencia en las elecciones presidenciales la hicieron famosa y, en una entrevista, narró la razón de su comportamiento:  “la vida es mucho más llevadera cuando uno comparte su tiempo de trabajo para ir a misa y participar en ella. La misa es lo más importante para la vida de cada persona y, a la vez, es lo más desconocido que hay, porque la mayor parte de la gente que yo he conocido no tiene idea de lo que significa la Eucaristía. Para mí la misa vino a ser la parte más importante de mi vida”.

La abuela de la noticia corre por lo que considera lo más importante de su vida.

Curiosamente, la flojera que lleva a posponer todo para mañana igual nos obliga a correr y a realizar nuestras cosas a última hora y, normalmente, corremos por cosas sin mucha importancia. La lección de la abuela es muy buena. La misa es importante, hasta es una razón para correr con más de setenta años, porque en la vida si se corre tiene que ser por lo importante, y no por las cosas atrasadas que vamos dejando atrás, y usted ¿por qué corre?

Embarazo complicado

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En la Iglesia llamamos adviento al tiempo que prepara la Navidad. Significa algo así como  “llegada”; “presencia que ha llegado”; “advenimiento”;  y,  su contenido es la esperanza, la alegría y preparación. Su gran símbolo:  el embarazo de una novia adolescente, que se convertiría en la madre de Jesús.

En Chile, la mayoría de los embarazos concurren fuera de la institución matrimonial. Esto no es de por sí complicado, pero es un referente. Además, el número de embarazos adolescentes se trata como problema nacional, motivo de campañas y políticas públicas. Un porcentaje de los embarazos reciben el calificativo de “no deseados”. La postura de la Iglesia suele identificarse con rechazo a todo este tipo de situaciones.

La Iglesia y, los cristianos en general, solemos  tener problemas para comunicar el contenido de la fe y sus consecuencias. Cuando definimos la fe lo hacemos con todos los leguajes disponibles, palabras, gestos y símbolos y, aún así, no siempre logramos hacernos entender. El amor es intraducible al lenguaje y queda atrapado y reducido cuando lo explicamos. La fe es una experiencia de amor, la certeza que para alguien soy importante, que soy rescatado de toda soledad, en resumen, de que Dios me ama. Esto nunca lograremos explicarlo de manera cabal y, al hacerlo, caeremos en más de alguna trampa. La preparación de la Navidad es un claro ejemplo.

El tiempo que precede a la Navidad podríamos llamarlo tiempo de embarazo, tiempo de alegre espera y fundada esperanza. Es un tiempo ideal para alegrar y bendecir a todas las madres que esperan un hijo. Las complicaciones, temores y juicios que padecieron María y José, nos permiten entrar en sintonía con todos aquellos que viven situaciones igualmente complicadas, la cercanía consoladora que lleva alegría y esperanza debería ser nuestro distintivo. Sabemos que muchas mamás viven su embarazo de manera complicada, en algún momento hasta avergonzadas. Además, no todos perciben con claridad la cercanía y el apoyo de la Iglesia y los seguidores de Jesús. Esto no puede ser. No puede la tristeza o la vergüenza reinar cuando nace la vida.

Siempre, con el tramposo lenguaje, tendríamos que decir que preparar Navidad es embarazarnos de Jesús y prepararnos de tal forma que en Navidad lo demos a luz. Que de cada uno, lo que salga esta Navidad,  sea  el mismo Señor Jesús, que nació como un niño lleno de luz, para iluminar cualquier tiniebla y disipar toda complicación.

14 de Diciembre 2013

Necesitamos otro Mandela

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La historia de una persona siempre nos revela el misterio del ser humano. Acaba de morir Nelson Mandela y su sola mención nos abre al misterio de la convivencia humana, de la discriminación como estilo de vida, pero también al perdón y reconciliación social.

La biografía de Nelson Mandela tiene elementos, para nosotros, lejanos y misteriosos. Para estudiar leyes renunció al título de jefe de su tribu. Poco sabemos cómo fue la vida de aquél país durante las llamadas guerras mundiales. Sí es de conocimiento público que en el año 1948 se institucionalizó el régimen llamado aparthei como política de estado. La población originaria no era considerada de la misma naturaleza que los colonizadores llamados blancos, es más, eran inferiores.

Abogado, político, líder simbólico, muchas veces detenido, sumó alrededor de  treinta años encarcelado. Su vida privada tuvo muchas vicisitudes. Sin embargo, resulta indiscutible el sentido holístico de su vida.

Ante una existencia así nos preguntamos ¿Qué hace que de la vida de este hombre sea tan significativa? No lo es la colección de premios y distinciones internacionales entre las que se cuenta el premio Nobel de la Paz, más bien, la respuesta la encontramos en los motivos de esos premios, en su lucha por el reconocimiento de la igualdad de todas las personas sin distinción de razas, conocimiento o riquezas a su haber. La claridad de su vida fue  simple y básica: los seres humanos son todos en dignidad; nadie puede considerarse superior a otro.

Una de las  caras más visibles del apartheid fue la separación y exclusión de espacios. Las personas por su raza tenían prohibido acceder a ciertos lugares y espacios. Esta manera de convivir también se puede dar entre nosotros. Si hay algo a lo que alguien no puede acceder es que tenemos también apartheid. Ya sea educación, alimentación, vivienda,  salud, una playa o centro recreativo, un territorio o algún ámbito de la sociedad, segregación es su nombre. También hoy se escucha el retórico lamento, propio de la ley de la selva: ¿cómo vamos a valer lo mismo? Es indiscutible, necesitamos luchadores como Mandela.