Archivo de enero, 2014

Países hermanos

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Los hermanos suelen tener diferencias, discusiones y también conflictos. Lo mismo ocurre con los llamados países hermanos, con mayor razón si son vecinos. Algo así nos sucedió, en el siglo antepasado, con los países limítrofes. Los conflictos modificaron considerablemente los límites. El norte de nuestro país agregó un territorio que pertenecía a Bolivia y Perú y, el sur perdió la Patagonia que se agregó a Argentina.

Cuando los hermanos no logran ponerse de acuerdo tienen que recurrir a terceros si no quieren que la violencia sea la forma de resolver las diferencias. Eso sucedió entre Chile y Perú. Es difícil explicar la historia y encontrar los razonamientos de manera clara. Si así fuera no habría diferencias y, las hay. Algunos podrán decir que son inventadas, otros que no se ajustan al derecho internacional, que se cambió  la diplomacia por el comercio o, que uno de los países se quiere aprovechar, que el otro no se defendió pensando que tenía la razón de su parte. Lo que fuera no se solucionó entre dos. Se recurrió a un tercero que tiene un pomposo nombre: Tribunal Internacional de Justicia (que se preocupa de muy pocas injusticias internacionales, casi exclusivamente demandas limítrofes), conocido por la ciudad sede, La Haya.  Cuando se llega a esto, ambos litigantes creen tener la razón y sus expectativas serán inevitablemente confrontadas con la opinión contraria, por tanto, saben que el resultado no será el ideal que sostienen.

El ambiente, en ambos países, se ha llenado de expectativas y una palabra que no corresponde se ha puesto de moda, triunfar. Cuando se ha llegado a una  mediación jurídica lo que se busca es aplicar la justicia y, como no se logró acuerdo, ni siquiera diplomático, lo seguro es que algo se tendrá que dar por perdido.

La Iglesia Católica de manera silenciosa, pero laboriosa ha ido trabajando llamando a la fraternidad, a la solidaridad y a aprender a convivir en la frontera. Un ejemplo fue el encuentro de Obispos chilenos y peruanos en Julio del año pasado, también la reunión de trabajo que tuvieron obispos de Bolivia, Chile y Perú en Octubre recién pasado. Por eso, no es de extrañar las variadas iniciativas de este fin de semana y las programadas para el día en que se conocerá el fallo, son culturales, de reflexión y de oración, ciudadanos de ambos países son invitados a no olvidar algo fundamental, somos países hermanos. Esperamos que esto se entienda  y que, en ninguno de los dos países,  aparezcan los odiosos nacionalismos descalificadores y xenofóbicos.  Más allá del veredicto de la Haya, cada uno con quien esté cerca está llamado a cultivar la fraternidad.

Velas para el santo

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Estamos en las vísperas de la celebración de una de las devociones más populares en esta zona de Chile, San Sebastián. El centro de atención estará, como todos los años, en Yumbel. Sin embargo, no es el único lugar que convoca para dicha celebración. En la comuna de Coihueco se venera una reliquia del santo y en dos sectores de nuestra comuna hay celebraciones propias. En Chicalindo o La Maravilla, la capilla de ese sector lo tiene como su santo patrono; en el sector de Toquihua, una histórica manda familiar convoca a una gran cantidad de personas.

La fiesta está unida a curiosas prácticas llamadas mandas, son de diferentes tipos: algunas en dinero, otras velas, sacrificios personales, una fiesta para todos los que lleguen, participar de sacramentos o pasear la imagen del santo. Todas enmarcadas en la religiosidad, algunas son un testimonio de fe y dan cuenta de la relación con Dios, otras son creencias que al ser religiosas pueden abrir a la experiencia creyente, pero definitivamente no lo son ¿Dónde está la diferencia?

Una misma acción, muchas veces, puede tener diferentes significados. Ya sea prender velas, hacer caminatas, realizar donaciones o peregrinar hacia un lugar no siempre significa lo mismo para sus protagonistas. No es expresión de fe cuando la motivación es miedo, el intento de “negociar con Dios”, yo hago esto para que me des lo que te pido, tampoco cuando el centro no es, en último término, Dios. En cambio, se acerca a la experiencia creyente cuando se pide o agradece, ya sea por algo espiritual o material, un asunto decisivo o doméstico, pero el centro no es uno sino la voluntad de Dios. La promesa no es una moneda de cambio sino una expresión de la relación que tenemos con la trascendencia. Hacer mandas o votos es frecuente en las Sagradas Escrituras y en la vida cristiana y, aunque no es algo esencial, puede ser el camino para llegar a mejorar la relación con Dios.

Acostumbrados a criticar nuestro mundo como materialista y consumista, las mandas y las devociones a  los santos nos reenvían de manera inmediata a una realidad diferente. En esta ocasión, el mismo santo nos puede inspirar y dar fuerza para asumir las dificultades de la vida. San Sebastián, soldado romano, se negó a las prácticas contrarias a su Fe y, por ello, fue condenado a muerte de flechas, sobrevivió y se volvió a presentar ante el emperador quien, esta vez, mando que lo azotaran hasta la muerte. Un testimonio así  merece, al menos,  una vela.

Monseñor

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La semana que termina, entre muchas noticias, trajo una intervención del Papa Francisco que, según los medios, eliminaba el trato de Monseñor.

Los  tratos de cortesía o anexos a cargos son algo muy común en la sociedad. El presidente de la República es excelentísimo, el alcalde Señor, su consejo Honorable, un juez Su señoría y así podríamos seguir.  En el trato coloquial se ha hecho común, que los niños y jóvenes llamen a adultos cercanos tíos y tías y para las profesoras  reservamos el de señorita, aunque en estos casos nada tengan que ver con la realidad.

En la Iglesia Católica encontramos un  protocolo completo de tratos que van desde su Santidad a Padre, Fray o el ya mencionado Monseñor. Lo más paradójico de todo es que si alguien tuvo poco estima a los títulos fue el mismo Jesús que rechazó para sí el de Rey, excepto  estando detenido y procesado, pero que, además, recomendó no llamar a nadie padre ni maestro ni doctor, pues uno solo es nuestro padre y maestro.

La noticia de la eliminación del título de monseñor, en realidad no es tal,  solo es una restricción que apunta a eliminar títulos honoríficos que nada tienen que ver con la misión de la Iglesia, ni con la predicación de Jesús. Por tanto, una clara señal que andar tratando o exigiendo ese tipo de trato no puede estar legitimado por una auténtica fidelidad al mensaje de Jesús.

El trato entre las persona no puede ser desprecio, ni insulto, tampoco consideraciones que hagan parecer superioridad o inferioridad. Habrá que mantener siempre un trato digno y educado con los demás sin caer en ninguno de los extremos. Toda persona merece un trato fundamental que emerge de su misma condición de persona,  común a todos, al que llamamos dignidad. Ser bien tratado es un derecho, no una concesión por haber hecho bien las cosas, tener un cargo o estar dotado de simpatía o cariño especial. Por supuesto que, un mínimo de inteligencia social nos hace no andar tuteando a todo el mundo y, también, un trato deferente a las autoridades. De igual forma “papá”  y  “mamá”  gozarán de ese trato no como título sino por la relación de amor que habrán tenido. Con el resto nos ilumina San Juan, “saluden a cada uno por su nombre”. No andemos con títulos o tratos que nada tienen de verdaderos.

 

 

 

 

 

Eso de ser hermanos

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Eso de ser hermanos no es una incógnita exclusiva de aquellos que son hijos únicos. Entre las familias numerosas la experiencia de la fraternidad es una tarea que no acaba y, muchas veces, se quebranta. Las peleas de hermanos en la niñez son remplazadas en la juventud por eventos, que siempre dan cuenta de una relación que mezcla amor y conflictos, a veces, amarguras y rencillas, junto a la belleza de momentos y vidas de gran fraternidad. En la vida adulta, más de una familia no logra rehacerse después que los hermanos pelean por las herencias. Eso de ser hermanos es difícil, eso de ser hermanos puede ser nuestra salvación.

En una sociedad que parece tener el conflicto como forma de relacionarse y la violencia como mecanismo para solucionar diferencias, el anhelo de paz brota desde lo más hondo de cada corazón como expresión de una vida plena que busca en el rostro de los demás encontrar un hermano y no un enemigo. Entre las amistades más hermosas, amores más limpios y grandes  sufrimientos están los que se dan entre hermanos. En medio de esto el papa Francisco ha querido recordar que el fundamento de la paz es la fraternidad y que  esto solo lo podemos vivir aceptando la trascendencia. Solo en Dios encontramos la fuerza y el fundamento para reconocernos hermanos.

Desde hace 47 años los Papas dedican un mensaje, cada 1º de enero, convocando a una jornada por la Paz. Las peleas de hermanos tienen su expresión más brutal en las guerras, en el intermedio está nuestra vida cotidiana llamada a  buscar la fraternidad renunciando a la violencia y a la guerra. Nuestro mundo no es muy diferente de lo que somos, por ello, es tan importante cultivarnos, saber que Dios no nos quiere rivales ni enemigos, nos quiere hermanos. Esto supone un trabajo que va más allá de la cercanía, de hecho, la globalización nos acerca, pero no nos hace hermanos. Es necesario cultivar la fraternidad en el corazón y tener a Dios como fundamento.

La gran enseñanza de Jesús fue, precisamente, recuperar la fraternidad destruida en la humanidad mostrando a Dios como padre. Nadie elige a sus hermanos, nos vienen como un don que interpela nuestra libertad para acogerlos  y testimoniar la fraternidad. La vocación del mundo es ser un mundo de hermanos y, Jesús que fue hijo único, nos tiene a cada uno, como su hermano.