Blog del Padre

Espacio dedicado para comentarios del Párroco Luis Flores

Eso de ser hermanos


Eso de ser hermanos no es una incógnita exclusiva de aquellos que son hijos únicos. Entre las familias numerosas la experiencia de la fraternidad es una tarea que no acaba y, muchas veces, se quebranta. Las peleas de hermanos en la niñez son remplazadas en la juventud por eventos, que siempre dan cuenta de una relación que mezcla amor y conflictos, a veces, amarguras y rencillas, junto a la belleza de momentos y vidas de gran fraternidad. En la vida adulta, más de una familia no logra rehacerse después que los hermanos pelean por las herencias. Eso de ser hermanos es difícil, eso de ser hermanos puede ser nuestra salvación.

En una sociedad que parece tener el conflicto como forma de relacionarse y la violencia como mecanismo para solucionar diferencias, el anhelo de paz brota desde lo más hondo de cada corazón como expresión de una vida plena que busca en el rostro de los demás encontrar un hermano y no un enemigo. Entre las amistades más hermosas, amores más limpios y grandes  sufrimientos están los que se dan entre hermanos. En medio de esto el papa Francisco ha querido recordar que el fundamento de la paz es la fraternidad y que  esto solo lo podemos vivir aceptando la trascendencia. Solo en Dios encontramos la fuerza y el fundamento para reconocernos hermanos.

Desde hace 47 años los Papas dedican un mensaje, cada 1º de enero, convocando a una jornada por la Paz. Las peleas de hermanos tienen su expresión más brutal en las guerras, en el intermedio está nuestra vida cotidiana llamada a  buscar la fraternidad renunciando a la violencia y a la guerra. Nuestro mundo no es muy diferente de lo que somos, por ello, es tan importante cultivarnos, saber que Dios no nos quiere rivales ni enemigos, nos quiere hermanos. Esto supone un trabajo que va más allá de la cercanía, de hecho, la globalización nos acerca, pero no nos hace hermanos. Es necesario cultivar la fraternidad en el corazón y tener a Dios como fundamento.

La gran enseñanza de Jesús fue, precisamente, recuperar la fraternidad destruida en la humanidad mostrando a Dios como padre. Nadie elige a sus hermanos, nos vienen como un don que interpela nuestra libertad para acogerlos  y testimoniar la fraternidad. La vocación del mundo es ser un mundo de hermanos y, Jesús que fue hijo único, nos tiene a cada uno, como su hermano.

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