Blog del Padre

Espacio dedicado para comentarios del Párroco Luis Flores

Monseñor


La semana que termina, entre muchas noticias, trajo una intervención del Papa Francisco que, según los medios, eliminaba el trato de Monseñor.

Los  tratos de cortesía o anexos a cargos son algo muy común en la sociedad. El presidente de la República es excelentísimo, el alcalde Señor, su consejo Honorable, un juez Su señoría y así podríamos seguir.  En el trato coloquial se ha hecho común, que los niños y jóvenes llamen a adultos cercanos tíos y tías y para las profesoras  reservamos el de señorita, aunque en estos casos nada tengan que ver con la realidad.

En la Iglesia Católica encontramos un  protocolo completo de tratos que van desde su Santidad a Padre, Fray o el ya mencionado Monseñor. Lo más paradójico de todo es que si alguien tuvo poco estima a los títulos fue el mismo Jesús que rechazó para sí el de Rey, excepto  estando detenido y procesado, pero que, además, recomendó no llamar a nadie padre ni maestro ni doctor, pues uno solo es nuestro padre y maestro.

La noticia de la eliminación del título de monseñor, en realidad no es tal,  solo es una restricción que apunta a eliminar títulos honoríficos que nada tienen que ver con la misión de la Iglesia, ni con la predicación de Jesús. Por tanto, una clara señal que andar tratando o exigiendo ese tipo de trato no puede estar legitimado por una auténtica fidelidad al mensaje de Jesús.

El trato entre las persona no puede ser desprecio, ni insulto, tampoco consideraciones que hagan parecer superioridad o inferioridad. Habrá que mantener siempre un trato digno y educado con los demás sin caer en ninguno de los extremos. Toda persona merece un trato fundamental que emerge de su misma condición de persona,  común a todos, al que llamamos dignidad. Ser bien tratado es un derecho, no una concesión por haber hecho bien las cosas, tener un cargo o estar dotado de simpatía o cariño especial. Por supuesto que, un mínimo de inteligencia social nos hace no andar tuteando a todo el mundo y, también, un trato deferente a las autoridades. De igual forma “papá”  y  “mamá”  gozarán de ese trato no como título sino por la relación de amor que habrán tenido. Con el resto nos ilumina San Juan, “saluden a cada uno por su nombre”. No andemos con títulos o tratos que nada tienen de verdaderos.

 

 

 

 

 

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