Blog del Padre

Espacio dedicado para comentarios del Párroco Luis Flores

Velas para el santo


Estamos en las vísperas de la celebración de una de las devociones más populares en esta zona de Chile, San Sebastián. El centro de atención estará, como todos los años, en Yumbel. Sin embargo, no es el único lugar que convoca para dicha celebración. En la comuna de Coihueco se venera una reliquia del santo y en dos sectores de nuestra comuna hay celebraciones propias. En Chicalindo o La Maravilla, la capilla de ese sector lo tiene como su santo patrono; en el sector de Toquihua, una histórica manda familiar convoca a una gran cantidad de personas.

La fiesta está unida a curiosas prácticas llamadas mandas, son de diferentes tipos: algunas en dinero, otras velas, sacrificios personales, una fiesta para todos los que lleguen, participar de sacramentos o pasear la imagen del santo. Todas enmarcadas en la religiosidad, algunas son un testimonio de fe y dan cuenta de la relación con Dios, otras son creencias que al ser religiosas pueden abrir a la experiencia creyente, pero definitivamente no lo son ¿Dónde está la diferencia?

Una misma acción, muchas veces, puede tener diferentes significados. Ya sea prender velas, hacer caminatas, realizar donaciones o peregrinar hacia un lugar no siempre significa lo mismo para sus protagonistas. No es expresión de fe cuando la motivación es miedo, el intento de “negociar con Dios”, yo hago esto para que me des lo que te pido, tampoco cuando el centro no es, en último término, Dios. En cambio, se acerca a la experiencia creyente cuando se pide o agradece, ya sea por algo espiritual o material, un asunto decisivo o doméstico, pero el centro no es uno sino la voluntad de Dios. La promesa no es una moneda de cambio sino una expresión de la relación que tenemos con la trascendencia. Hacer mandas o votos es frecuente en las Sagradas Escrituras y en la vida cristiana y, aunque no es algo esencial, puede ser el camino para llegar a mejorar la relación con Dios.

Acostumbrados a criticar nuestro mundo como materialista y consumista, las mandas y las devociones a  los santos nos reenvían de manera inmediata a una realidad diferente. En esta ocasión, el mismo santo nos puede inspirar y dar fuerza para asumir las dificultades de la vida. San Sebastián, soldado romano, se negó a las prácticas contrarias a su Fe y, por ello, fue condenado a muerte de flechas, sobrevivió y se volvió a presentar ante el emperador quien, esta vez, mando que lo azotaran hasta la muerte. Un testimonio así  merece, al menos,  una vela.

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