Blog del Padre

Espacio dedicado para comentarios del Párroco Luis Flores

Cenizas y la soberbia en los católicos


Si hay algo negativo en las personas y, en los creyentes todavía más, es la actitud de considerarse dueño de la verdad, superior a los demás y alguien que no necesita aprender ni cambiar nada. Le llamamos vanagloria o soberbia. En la fe cristiana es  considerado un pecado capital, porque es la raíz de otros comportamientos deplorables. En la historia de la Iglesia ha habido momentos en que cristianos y, también la iglesia, como institución, han caído en arrogancia y soberbia. Esto ha sido fuente de críticas y es algo que nadie espera de un cristiano.

Reprochar la soberbia o arrogancia de un seguidor de Jesús es legítimo, pues, es un contrasentido. Si hay algo que cautiva, atrae y pertenece a la fe cristiana es la virtud de la humildad. Reconocerse ante Dios como pequeños y frágiles. Además, forma parte de algo que en la Iglesia se enseña con palabras y gestos. Uno de estos gestos es el que realizamos hoy miércoles, el llamado de cenizas.

En este día, los católicos realizamos el gesto de recibir cenizas sobre la frente, al tiempo que se escucha la frase: “recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás”; también, “arrepiéntete y cree en el evangelio”. Como signo es fuerte y proclama que lo que la Iglesia pide de sus miembros es, precisamente, humildad.

Las cenizas son un signo de la fragilidad de la materia, de lo poco que somos ante la inmensidad del cosmos y la grandeza de Dios que lo ha creado. Hay que reconocer que somos poca cosa y sabemos poco.

La humildad no es tener baja autoestima. La humildad es ante todo verdad. Un ejemplo preclaro es la madre de Jesús quien se consideraba esclava del Señor, pero también reconocía que Dios, en ella, había hecho maravillas.

Participar del miércoles de cenizas es una invitación a cultivar la humildad, a tener a los demás como superiores y a iniciar cambios en nuestra manera de vivir, de tal forma que se erradique todo tipo de sentimientos de superioridad, prepotencia, menosprecio a otros y, arrogancia. Como todas las virtudes, la humildad contiene en sí misma, la belleza, la hermosura que queremos de los cristianos y de la Iglesia, que sea y que seamos humildes.

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