Blog del Padre

Espacio dedicado para comentarios del Párroco Luis Flores

Rece por mí


¡Por favor, rece por mí y mi familia! así se despidió el presidente de los Estados Unidos del Papa, después de su larga entrevista. Los medios lo han destacado y amerita hacerlo. No es usual escuchar que el presidente de los Estados Unidos pida o ruegue algo para él, ni siquiera tenía ese tono cuando pedía votos en su campaña electoral.

La frase es muy frecuente entre los católicos. Los ministros de la Iglesia solemos oírla a menudo y lo hacemos con gusto, forma parte de nuestro ministerio, oramos por los enfermos, por los sin trabajo, por las familias con dificultades, por los que celebran algún aniversario o algún logro, por los que están de duelo y por todo aquel que nos lo solicita, unida a muchas otras oraciones por desconocidos, a veces, lo hacemos sin que nos lo pidan.

Pero fue el Papa actual el que nos sorprendió una y otra vez durante su primer año de papado cuando en celebraciones, audiencias o entrevistas terminaba diciendo: “ustedes recen por mí”. De alguna manera podemos afirmar que el presidente de los Estados unidos aprendió del Papa. Una verdad de fe esencial ha sido reafirmada con simplicidad y sencillez. Hay que pedir, que otros nos pongan delante de Dios con sus oraciones. Entre nosotros, interceder ante Dios es también una forma de relacionarnos.

Eso de pedir exige humildad. Porque siempre se pide a alguien que tiene algo que no tenemos o, que puede hacer algo por nosotros y de lo cual tenemos necesidad. Es el reconocimiento que necesitamos de ayuda, por tanto, nadie es tan poderoso como para pensar que lo puede hacer todo, sin necesidad de los demás, ni siquiera el presidente de los Estados Unidos. Quien hace oración, quien pide por otros, se relaciona también de manera diferente.

Al otro lado de la vereda de la humildad esta la soberbia. La actitud de aquellos que nunca piden ni reconocen nada, ni sus errores, ni  los logros de los demás. Los define la autosuficiencia y el falso convencimiento de que todo lo hacen bien y que en nada se equivocan. Así también se relacionan con los demás, sin hacer aporte alguno en la convivencia social.

Por lo pronto, rezaré por lectores de estas líneas y, usted, rece por  mí.

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